La vida, por distintos motivos, me llevó a recorrer miles de kilómetros y latitudes , caminos y lugares atractivos y extraños, quizás buscando descanso y a conocer algo nuevo y novedoso. Al regresar te encuentras más cansado y peor que cuando saliste, sin imaginar que esa paz y tranquilidad anhelada y bellezas naturales están tan cerca…  ¡Sí, acá en mi Tucumán querido! A una hora de viaje en auto a una velocidad moderada hacia el norte, allí hay un pedazo de mundo que cayó del cielo sobre una verde alfombra de variada vegetación… se recuesta una población que se llama San Pedro de Colalao, tierra bendecida por Dios; ese cartel de “¡Bienvenidos!” indica la entrada a una cultura ancestral viviente, a otro mundo.Quedan atrás el trajinar y la furia de la ciudad, de una atmósfera contaminada, ruidos molestos y falta de oxígeno que nos ahoga a los que estamos ya acostumbrados. Le damos paso al aire puro de la montañas y al sano clima del campo. Los invito a que conozcan Villa Rita, camino al zoológico, rodeada por los ríos Tacanas y Tipas y una cadena montañosa que pareciera fácil de tocar con tus manos, y a unas 15 cuadras de la plaza principal. Ese es mi lugar de relax y gozo, mi paraíso con anocheceres y despertares, con la bella música del trinar de los pájaros, el canto de los animales de corral y el ofrecimiento del vendedor de bollos, pan caliente, leche, humitas o tamales. ¿Qué más, pedirle a nuestro Gran Dios?  Si esto es la gloria. Por todo lo expuesto, ¡A ustedes viajeros, les digo, si a mi pago han de venir, no dejen de concurrir a San Pedro y Villa Rita. Deben ir, seguro no se van a arrepentir; no duden en volver a venir. Los esperamos.

Francisco Amable Díaz

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